Guillermo Chamorro

                                   

                              La difícil prueba del collage

                                                            Exposición

                                                        Junio 1 a Junio 30                            

A comienzos de los años 20, Picasso incorpora por primera vez en una de sus obras un trozo de papel. Con este gesto, no solo está creando un procedimiento técnico innovador y fundamental para todo el Arte Moderno, sino que además plantea el modo de hacer collage que dará mayor fecundidad en el desarrollo posterior de su obra.

Puede ser un papel de periódico recortado o rasgado, dejando ver su tipografía característica, que en lugar de ir a la papelera es cuidadosamente pegado en un soporte cualquiera para dialogar de igual a igual con una mancha de color pintada o con una línea realizada con carbón, o con cualquier manipulación previa, cambiando su primer aspecto incluso y dándo con ello una nueva personalidad a la obra. (Texto escrito por Guillermo Lledó para la exposición de Chamorro en la Galería Egam en 1983.

El collage aparece como una simple técnica de recortar y pegar; pero precisamente por esa facilidad que permite el servirse de cualquier material y por el carácter rudimentario de su aplicación, el posible fracaso se acusa sin paliativos. No es extraño, por tanto, que sea una especialidad que hayan practicado sobre todo algunos artistas revolucionarios o aquellos otros que se sienten particularmente seguros de su maestría.

Chamorro no es revolucionario ni maestro, y sin embargo, ha demostrado poseer aquellas cualidades que a través del collage ponen de manifiesto el talento creativo. Con una riqueza de variados papeles, cuya rara belleza combina perfectamente con objetos humildes y cotidianos, Chamorro demuestra rigor compositivo y gran sensibilidad; instinto de verdadero pintor a la vez que capacidad para pensar la pintura.

Cada obra es un pequeño desafío. Es como un duelo que se establece entre la pintura y el artista, a ver quién es el que devora a quién. Cada obra tiene su historia, con la premisa de “pintar algo que llame la atención a mi imaginación…  trato de hacer real algo que no haya visto antes”, explica Chamorro. En gran parte, por ello surge su forma de expresión a través del collage. Chamorro utiliza su exquisita coctelera para lograr un resultado sumamente poético y sugestivo. Sus obras son difíciles de calificar con el convencionalismo de la palabra collage, ya que si bien están compuestas y realizadas por distintos papeles, cartones, maderas y piezas de objetos encontrados en cualquier sitio, también tienen una gran parte de escultura donde los volúmenes son la base— y por supuesto de dibujo y de pintura.

“Utilizo todo lo que se me ocurre, cualquier material me sirve, madera, cartón, papel, tela, vidrio… lo que me preocupa es el soporte y que todas las piezas queden perfectamente unidas, que formen un esqueleto. Me gusta fabricar mis propias herramientas…  además, utilizo pintura acrílica, oleo, piedra pómez, nitrato de silicio, betún de judea, cola blanca, anilinas, cola de contacto, lápices de colores, en fin, todo lo que sirva para pintar…todos los materiales que se utilizan tienen que formar una sola pieza. A veces tiño el papel con café y té para dar un toque envejecido que enriquezca el dibujo…. En mis últimas obras estoy utilizando una base de estructura genial, que descubrí en la pescadería de mi barrio. Nada más y nada menos que unas fantásticas cajas de langostinos….por supuesto sin utilizar… A través de mi pescadero he localizado al fabricante y me ha hecho un montón de cajas con un langostino impreso en el lateral, queda estupendamente…. Me sirven como receptor de la obra, panticipan de ella, y sustituyen al marco. Y al final, entre unas cosas y otras queda el contenido, la “escultopintura” que se inserta en una base de la que nacerá el collage. No es fácil conseguir armonía y equilibrio en una obra llena de piezas y objetos. Solo se logra con mucho oficio y horas de recopilar casi de todo”

El estudio de Guillermo Chamorro en pleno proceso de creación es un auténtico caos, al menos para quien lo ve desde fuera. Miles de papeles diferentes, trozos de madera, pinturas, y sobre todo, palabras que se agolpan el todo el espacio. Su estudio es un collage sin terminar, según él, es una forma de vida que se aprende de los grandes maestros como Picasso, Francis Bacon, Alberto Giacometti, Pierre Matisse … “es mi propio mundo y dejo que me envuelva. Todo lo que guardo es porque me ha llamado la atención. Para mí supone una cosa que creo que es muy importante, encontrar la belleza de las cosas más sutiles”.

Frank Stella al principio hacía imágenes puramente geométricas sobre distintos soportes que fué modificando con los tamaños de sus obras. A mí me ocurre algo parecido según el planteamiento que tenga, preparo el soporte y busco las imágenes en las cajas donde lo guardo todo. En ellas hay todo tipo de papeles que tuvieron un fin concreto. Pero tras su vida útil no han terminado en la basura, sino que han estado guardados para cumplir un cometido bien distinto, participar con otros papeles en una composición con una serie de conceptos distintos. En esta nueva vida pueden lucir sus mejores trajes, tipografía, colores o dobleces. El resultado es un pequeño teatro donde podrán descansar eternamente al participar en una obra nueva, en un collage. Es una técnica más complicada de lo que parece”.

“El collage me permite poner a convivir a todos esos “papeles” que por alguna razón, y sobre todo, con tanto cariño guardé durante un tiempo. Esas piezas son parte de mi día a día, los recuerdos que siempre me hacen feliz, los viajes a Italia, Londres, Paris, Venecia, Nueva York, Bangkok, son como un tesoro de piratas guardados en el baúl de los recuerdos. De repente, llega un día en que los vuelvo a ver y los hago que participen de una composición pictórica. Para ellos es su nueva vida es una habitación con vistas; para mí, son mis obras, los collages”.

Para conseguir que un collage tenga relieve es imprescindible tener una inteligencia espacial muy desarrollada y conocer bien la geometría. Dominar los volúmenes es fundamental, una maestría que se plasma en sus esculturas.  “La estructura es muy similar a la de un collage pero, sin imágenes sin nada pegado al soporte. Para mí la escultura es muda, no tiene color, está quieta, quien se mueve es el observador. Yo hago un dibujo y lo descompongo en trozos. Después construyo la maqueta en cartón. Tengo la suerte de tener buenos amigos carpinteros que cortan las piezas en madera. Luego las ensamblo y las encolo. Jamás utilizo clavos, sería una osadía”.

Antonio Pedraz